Frozen II – Película

Al ver la película no pude evitar pensar en Empédocles. El decía que todo lo que existe está compuesto por cuatro elementos: Agua, Aire, Fuego y Tierra. También decía que esos elementos se atraen y se repelen por dos interesantes fuerzas, el odio y el amor. 

Es lindo pensar que lo que mantiene unidas a dos elementos es el amor. Ese es el caso de lo que ocurre en esta película. Es gracias al amor de la hermandad de Elsa y Ana, afirmado en el amor de sus padres y el amor por su pueblo, que nuestras heroínas logran salvar Arendell y el Bosque. También logran salvarse a sí mismas, el amor propio les da la fuerza para “hacer lo que hay que hacer”, incluso cuando parece que ya no quedan fuerzas. 

Como Ulises, Elsa, es llamada por sirenas. Como las de Ulises, tientan, lo que deja imaginar a los espectadores y la misma Reina, que se trata de peligro… pero no. El canto de las sirenas, es una invitación a liberar un bosque, reconstruir el presente y entender el pasado. Las hermanas descubren un secreto. Y es que como en la vida misma, el agua tiene memoria. Las partículas que en el mundo real se reciclan, en la peli pueden hablar. Gracias a la magia de Elsa, en contacto con los espíritus del Agua, el Aire, el Fuego y la Tierra, descubren una traición del abuelo de las hermanas, que causó el cautiverio de todo un pueblo que no pudo, por años, ver la luz del sol. ¿La solución? Con amor redimir la traición, destruyendo la presa de agua que la representaba, para poder así, liberar el bosque, liberar a sus habitantes y restaurar la paz. 

Me gusto mucho que tiene varios niveles de lectura. Es una historia simple, pero también una reivindicación de política justa, respeto en las relaciones y autoconocimiento como base del empoderamiento. 

 Me llamó la atención lo mucho se especuló sobre la ‘soltería’ de Elsa pre -estreno.. ¿Por qué fue un tema de conversación? Pues ni modos. ¿Cómo lo resolvieron? La convirtieron en una protectora del bosque, que tiene cosas que hacer más importantes que encontrar pareja.  Y eso me parece un bonito ejemplo. No porque no sea deseable tener pareja, sino porque cambia el paradigma de las pelis de niños donde el único objetivo de las chicas es encontrar marido. 

También me llamó la atención el tamaño de sus cinturas, no muy realista, pero supongo que Roma no hizo en un día y los cambios positivos que quedan son de aplaudir. 

La magia, para la película, está en entenderse uno mismo, entender los errores del pasado y hacer lo que hay que ser.  Para mí, se trata de magia de la vida misma. Donde muchas veces es bastante fácil olvidar lo que hay que hacer y confundirse. 

¡Bravo para Frozen!

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